La Celestina

La Celestina

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mi querida madre encobría. Touo manera cómo

ganó mi querer, ordenó cómo su desseo e el

mío houiessen efeto. Si él mucho me amaua, no

viuía engañado. Concertó el triste concierto de

la dulce e desdichada execución de su volun-

tad. Vencida de su amor, dile entrada en tu

casa. Quebrantó con escalas las paredes de tu

huerto, quebrantó mi propósito. Perdí mi virgi-

nidad. Del qual deleytoso yerro de amor gozamos

quasi vn mes. E como esta passada noche viniesse,

según era acostumbrado, a la buelta de su venida,

como de la fortuna mudable estouiesse dis-

puesto e ordenado, según su desordenada cos-

tumbre, como las paredes eran altas, la noche

escura, la escala delgada, los siruientes que

traya no diestros en aquel género de seruicio e

él baxaua pressuroso a uer vn ruydo, que con sus

criados sonaua en la calle, con el gran ímpetu que

leuaua, no vido bien los passos, puso el pie en

vazío e cayó. De la triste cayda sus más escon-

didos sesos quedaron [213] repartidos por las

piedras e paredes. Cortaron las hadas sus hilos,

cortáronle sin confessión su vida, cortaron mi

esperança, cortaron mi gloria, cortaron mi

compañía. Pues ¿qué crueldad sería, padre mío,

muriendo él despeñado, que viuiese yo pena-


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