La Celestina
La Celestina da? Su muerte combida a la mía, combídame e
fuerça que sea presto, sin dilación, muéstrame
que ha de ser despeñada por seguille en todo.
No digan por mí: a muertos e a ydos. . E assí
contentarle he en la muerte, pues no tuue tiem-
po en la vida. ¡O mi amor e señor Calisto! Espé-
rame, ya voy; detente, si me esperas; no me
incuses la tardança que hago, dando esta vltima
cuenta a mi viejo padre, pues le deuo mucho
más.» ¡O padre mío muy amado! Ruégote, si
amor en esta passada e penosa vida me has
tenido, que sean juntas nuestras sepulturas:
juntas nos hagan nuestras obsequias. Algunas
consolatorias palabras te diría antes de mi
agradable fin, coligidas e sacadas de aquellos
antigos libros, que tú por más aclarar mi inge-
nio me mandauas leer; sino que ya la dañada
memoria con la grand turbación me las ha per-
dido e avn porque veo tus lágrimas malsofridas
[214]decir por tu arrugada haz. Salúdame a mi
cara e amada madre: sepa de ti largamente la
triste razón porque muero. ¡Gran plazer lleuo
de no la ver presente! Toma, padre viejo, los
dones de tu vegez. Que en largos días largas se
sufren tristezas. Rescibe las arras de tu senec-
tud antigua, rescibe allá tu amada hija. Gran