La Celestina
La Celestina encomendauan a ella. E en otro apartado tenía
para remediar amores e para se querer bien.
Tenía huessos de coraçón de cieruo, [81] lengua
de bíuora, cabeças de codornizes, sesos de asno,
tela de cauallo, mantillo de niño, haua morisca,
guija marina, soga de ahorcado, [82] flor de
yedra, espina de erizo, pie de texó, [83] granos
de helecho, la piedra del nido del águila [84] e
otras mill cosas. Venían a ella muchos hombres
[85] e mugeres e a vnos demandaua el pan do
mordían; [86] a otros, de su ropa; a otros, de sus
cabellos; a otros, pintaua en la palma letras con
açafrán; a otros, con bermellón; a otros, daua
vnos coraçones de cera, llenos de agujas que-
bradas e otras cosas en barro e en plomo
hechas, muy espantables al ver. Pintaua figu-
ras, dezía palabras en tierra. ¿Quién te podrá
dezir lo que esta vieja fazía? E todo era burla e
mentira.
CALISTO.- Bien está, Pármeno. Déxalo para
más oportunidad. Asaz soy de ti auisado. Tén-
gotelo [87] en gracia. No nos detengamos, que
la necessidad desecha la tardança. Oye. Aquella
viene rogada. Espera más que deue. Vamos, no
se indigne. Yo temo e el temor reduze la memo-
ria e a la prouidencia despierta. ¡Sus! Vamos,
proueamos. Pero ruégote, Pármeno, la embidia