La Celestina
La Celestina de Sempronio, que en esto me sirue e complaze
no ponga impedimiento en el remedio de mi
vida. Que, si para él houo jubón, para ti no fal-
tará sayo. Ni pienses que tengo en menos tu
consejo e auiso, que su trabajo e obra: como lo
espiritual sepa yo que precede a lo corporal e
que, puesto que las bestias corporalmente tra-
bajen más que los hombres, por esso son pen-
sadas e curadas; pero no amigas dellos. En la
tal diferencia serás comigo, en respeto de Sem-
pronio. E so secreto sello, pospuesto el domi-
nio, por tal amigo a ti me concedo.
PÁRMENO.- Quéxome, señor, de la dubda
de mi fidelidad e seruicio, por los prometimien-
tos e amonestaciones tuyas. ¿Quándo me viste,
señor, embidiar o por ningún interesse ni resa-
bio tu prouecho estorcer? [88]
CALISTO.- No te escandalizes. Que sin dub-
da tus costumbres e gentil criança en mis ojos
ante todos los que me siruen están. Mas como
en caso tan árduo, do todo mi bien e vida pen-
de, es necessario proueer, proueo a los contes-
cimientos. Como quiera que creo que tus bue-
nas costumbres sobre buen natural florescen,
como el buen natural sea principio del artificio.
E no más; sino vamos a ver la salud.
CELESTINA.- Pasos oygo. Acá descienden.