La Celestina
La Celestina prouechoso ni la perseuerancia carece de peli-
gro? ¿Pues yré o tornarme he? ¡O dubdosa a
dura perplexidad! ¡No sé qual escoja por más
sano! ¡En el osar, manifiesto peligro; en la
couardÃa, denostada, perdida! ¿A donde yrá el
buey que no are? Cada camino descubre sus
dañosos e hondos barrancos. Si con el furto soy
[155]tomada, nunca de muerta o encoroçada
falto, a bien librar. Si no voy, ¿qué dirá Sem-
pronio? Que todas estas eran mis fuerças, saber
e esfuerço, ardid e ofrecimiento, astucia e solici-
tud. E su amo Calisto ¿qué dirá?, ¿qué hará?,
¿qué pensará; sino que ay nueuo engaño en mis
pisadas e que yo he descubierto la celada, por
hauer más prouecho desta otra parte, como
sofÃstica preuaricadora? O si no se le ofrece
pensamiento tan odioso, dará bozes como loco.
Dirame en mi cara denuestos rabiosos. Propor-
ná mill inconuenientes, que mi deliberación
presta le puso, diziendo: Tú, puta vieja, ¿por
qué acrescentaste mis pasiones con tus promes-
sas? Alcahueta falsa, para todo el mundo tienes
pies, para mà lengua; para todos obra, para mÃ
palabra; para todos remedio, para mà pena;
para todos esfuerço, para mà te faltó; para todos
luz, para mà tiniebla. Pues, vieja traydora, ¿por
qué te me ofreciste? Que tu ofrecimiento me