La Celestina
La Celestina la puerta de Melibea. Prima es de Elicia: no me
será contraria.
LUCRECIA.- ¿Quién es esta vieja, que viene
haldeando?
CELESTINA.- Paz sea en esta casa. [159]
LUCRECIA.- Celestina, madre, seas bienve-
nida. ¿Qual Dios te traxo por estos barrios no
acostumbrados?
CELESTINA.- Hija, mi amor, desseo de todos
vosotros, traerte encomiendas de Elicia e avn
ver a tus señoras, vieja e moça. Que después,
que me mudé al otro barrio, no han sido de mi
visitadas.
LUCRECIA.- ¿A eso solo saliste de tu casa?
Marauíllome de ti, que no es essa tu costumbre
ni sueles dar passo sin prouecho.
CELESTINA.- ¿Más prouecho quieres, boua,
que complir hombre sus desseos? E también,
como a las viejas nunca nos fallecen necessida-
des, mayormente a mí, que tengo de mantener
hijas agenas, ando a vender vn poco de hilado.
LUCRECIA.- ¡Algo es lo que yo digo! En mi
seso estoy, que nunca metes aguja sin sacar
reja. Pero mi señora la vieja vrdió vna tela: tiene
necessidad dello e tu de venderlo. Entra e espe-
ra aquí, que no os desauenirés.
ALISA.- ¿Con quien hablas, Lucrecia? [160]