La Celestina
La Celestina LUCRECIA.- Señora, con aquella vieja de la
cuchillada, que solía viuir en las tenerías, a la
cuesta del río.
ALISA.- Agora la conozco menos. Si tú me
das entender lo incógnito por lo menos conoci-
do, es coger agua en cesto.
LUCRECIA.- ¡Jesú, señora!, más conoscida es
esta vieja que la ruda. No sé como no tienes
memoria de la que empicotaron por hechizera,
que vendía las moças a los abades e descasaua
mill casados.
ALISA.- ¿Qué oficio tiene?, quiça por aquí la
conoceré mejor.
LUCRECIA.- Señora, perfuma tocas, haze so-
limán e otros treynta officios. Conoce mucho en
yeruas, cura niños e avn algunos la llaman la
vieja lapidaria. [161]
ALISA.- Todo esso dicho no me la da a cono-
cer; dime su nombre, si le sabes.
LUCRECIA.- ¿Si le sé, señora? No ay niño ni
viejo en toda la cibdad, que no le sepa: ¿hauíale
yo de ignorar?
ALISA.- ¿Pues por qué no le dizes?
LUCRECIA.- ¡He vergüença!
ALISA.- Anda, boua, dile. No me indignes
con tu tardança.
LUCRECIA.- Celestina, hablando con reue-