Ciudadela
Ciudadela ”Pero carezco de cantor y no tengo una verdad y no poseo un manto para hacerme pastor. Entonces, ¿es inevitable que se maten entre sí y comiencen a podrir la noche con esos golpes de cuchillo que golpean en el vientre y son inútiles como la lepra? ¿Bajo qué nombre los reuniría?
Y aquí y allá aparecían falsos profetas que reunían a algunos. Y los fieles, si bien raros, se hallaban dispuestos y animados a morir por sus creencias. Pero sus creencias no valían nada para los demás. Y todas las creencias se oponían entre sí. Y se construían pequeñas iglesias de la misma manera como se odiaban; porque tenían la costumbre de dividir todo en error y en verdad. Y lo que no es verdad es error y lo que no es error es verdad. Pero yo, que sé bien que el error no es lo contrario de la verdad, sino otro arreglo, otro templo construido con las mismas piedras, ni más verdadero ni más falso, sino otro, descubriéndolos dispuestos a morir por verdades ilusorias, sangraba en mi corazón. Y decía a Dios:
—¿No puedes enseñarme una verdad que domine sus verdades particulares y las acoja en su seno? Porque si de esas hierbas que se entredevoran hago un árbol que anime un alma única, entonces esta rama se agrandará con la prosperidad de la otra rama, y todo el árbol será colaboración maravillosa y expansión en el sol. ¿Tendré el corazón estrecho para contenerlos?