Ciudadela
Ciudadela —Señor, he aquà que se separan porque ya no construyen el imperio. Porque el error es creer que cesan de construir porque están divididos. IlumÃname acerca de la torre que habrá que hacerles construir que permitirá que se cambien en ella con sus aspiraciones diferentes. Que llamará al todo en ellos y colmará a cada uno, al solicitarlos por entero en toda su grandeza. Mi manto es demasiado corto y soy un mal pastor que no sabe cobijarlos bajo su ala. Se odian porque tienen frÃo. Porque el odio es insatisfacción. Todo odio tiene un sentido profundo que lo domina. Y las hierbas diversas se odian y se devoran entre sÃ; pero no el árbol único en el que cada rama se acrecienta con la prosperidad de las otras. Préstame un pedazo de tu manto para que en él reúna a mis guerreros y a mis trabajadores y a mis sabios y a mis esposos y esposas e incluso a los niños que lloran…