Ciudadela
Ciudadela ”Pero tú, a quien desagradan la potencia de la tierra, la grosería del humus y su podredumbre y sus gusanos, pides al hombre en primer lugar que no sea, y que no tenga olor. Censuras en ellos la expresión de su fuerza. Y colocas los inmaculados a la cabeza de tu imperio. Y persiguen el vicio, que es potencia sin empleo. Es la potencia y la vida que persiguen. Y a su vez se vuelven guardianes de museo y velan un imperio muerto…
—El cedro -decía mi padre- se nutre del fango del suelo, pero lo muda en follaje espeso que se nutre del sol.
—El cedro -decía otra vez mi padre- es la perfección del fango. Es el fango transformado en virtud. Si quieres salvar tu imperio, cree en su fervor. Drenará las agitaciones de los hombres. Y los mismos actos, las mismas agitaciones, las mismas aspiraciones, los mismos esfuerzos, construirán la ciudad en lugar de destruirla.
Y ahora yo te digo: