Ciudadela
Ciudadela ”Y por esto os digo: Si construís el templo inútil, dado que no sirve para cocinar, ni para reposar, ni para la asamblea de los notables, ni para las reservas de agua, sino simplemente para el engrandecimiento del corazón del hombre, y para calmar los sentidos y para el tiempo que madura, pues es en todo semejante a una bodega del corazón donde uno se instala para bañarse unas pocas horas en la paz equitativa y en el aquietamiento de las pasiones y la justicia no desheredada; si construís un templo donde el dolor de las úlceras se transforma en cántico y ofrenda, donde la amenaza de la muerte se transforma en puerto entrevisto con aguas por fin tranquilas, ¿creeríais haber malgastado vuestros esfuerzos?
”Si a aquéllos que se desgarran las manos al maniobrar las velas los días de tempestad, y que se zarandean duramente noche y día y son carne viva duramente raspada por la sal, fuera posible recibirlos de tiempo en tiempo en las aguas serenas y luminosas de un puerto, donde no hay ya movimiento, ni hora, ni esfuerzo, ni aspereza del combate, sino silencio de las aguas que roza apenas la llegada, cuando el gran navío parece minúsculo sobre su área, ¿creerías haber malgastado tu trabajo? Porque le es dulce esta agua de cisterna, después de todas esas cabelleras que corren sobre el petral de las olas, de todas esas crines de la mar.