Ciudadela
Ciudadela âY he aquĂ lo que te es posible ofrecer al hombre y que depende Ășnicamente de tu ingenio. Porque con el solo arreglo de tus piedras, construyes el sabor del agua del puerto y del silencio, y esperanzas maravillosas.
âDe esta manera tu templo los solicita y van a sentarse en su silencio. Y allĂ se descubren. Porque de otro modo sĂłlo los solicitarĂan las tiendas. Ninguna respuesta nacerĂa en ellos sino la del comprador a los mercaderes. Y no nacerĂan en toda su grandeza. Y no conocerĂan su propia amplitud.
âCiertamente, me dirĂĄs tĂș, esos comerciantes gordos estĂĄn colmados y no piden nada mĂĄs. Pero es fĂĄcil de colmar el que no tiene espacio en el corazĂłn.