Ciudadela
Ciudadela ”Emprenden giras y hacen visitas soñando, sin saberlo, con embarcarse. Porque no se dirigen a ninguna parte. Y esos templos no reciben ya a las multitudes, y no las transportan ya y no las cambian en razas más nobles, como una crisálida. Todos esos emigrantes carecen de navío y no pueden partir, y convertirse, en el curso de esa travesía a bordo de navíos de piedra, de almas en un principio pobres y débiles, en almas ricas y generosas. Por eso es que todos esos visitantes giran alrededor del templo sepultado, y visitan, y buscan, y marchan sobre las grandes lajas radiantes que los pasos han lustrado, oyendo resonar sus solitarias voces en el silencio monumental, perdidos en la selva de pilares de granito y creyendo simplemente, como historiadores, instruirse, cuando en los fundamentos de sus corazones podrían comprender que, de pilar en pilar, de sala en sala, de nave en nave, lo que buscan es al capitán y que todos están allí tiritando en el corazón pero sin conocerlo, pidiendo una ayuda que no llega, aguardando una muda que se resiste, hundidos en sí mismos, pues no hay más que templos muertos, a medio ensamblar, porque sólo hay navíos encallados cuya provisión de silencio y de sombra está mal protegida y que hacen agua por todas partes, con grandes bóvedas de cielo azul que se muestran a través de las cúpulas derrumbadas o con esa granizada de arena a través de las brechas de los muros. Y tienen hambre de un hambre que no será satisfecha.