Ciudadela
Ciudadela Meditaba ante esa máscara de la bailarina. Y su aire pertinaz, obstinado y cansado. Y me dije: «He aquà que en el tiempo de la grandeza del imperio era una máscara. Hoy es sólo la cubierta de una caja vacÃa. Ya no hay nada patético en el hombre. Ya no hay injusticia. Nadie sufre ya por su causa. ¿Y qué es una causa que no hace sufrir?