Ciudadela
Ciudadela ”Mi paloma -le decía yo-, mi torcaza, mi gacela de las largas piernas… ¡Porque con las palabras que inventaba trataba de asir a la inasible! Fundirla como nieve. Porque no era nada el don que yo esperaba. Y yo gritaba: “¿Dónde estáis?”. Porque no la hallaba ya. “¿Dónde está la frontera?”. Y me transformaba en torreón y muralla. Y los fuegos de alegría ardían en mi ciudad para celebrar el amor. Y yo solo, en mi terrible desierto, la miraba desnuda y dormida. “Me he equivocado de rumbo, me he equivocado en mi camino. Huía tan de prisa y la detuve para apoderarme de ella… Y una vez apresada, ya no existía…”. Pero también comprendí mi error. Era el camino lo que perseguía, y había estado loco como aquél que llenó su cántaro y lo guardó en su armario porque amaba el canto de las fuentes…