Ciudadela
Ciudadela ”Retorno de mi montaña, no tengas miedo, pueblo mío, he anudado el hilo nuevamente. Estaba mal que tuviese necesidad de un hombre. La mano que me ha curado y cosido se ha borrado, no la costura. Redesciendo de mi montaña y me cruzo con ovejas y corderos. Los acaricio. Estoy solo en el mundo delante de Dios; pero, acariciando a los corderos que abren las fuentes del corazón, no tal cordero, sino a través de él la debilidad de los hombres, yo os vuelvo a hablar».
En cuanto al otro, lo he establecido y nunca reinó mejor. Lo he establecido en la muerte. Y todos los años se alza la tienda en el desierto mientas mi pueblo reza. Mis ejércitos pesan sobre sus armas, los fusiles están cargados, los caballeros circulan para patrullar el desierto y se corta la cabeza al que se aventura en la comarca. Y yo avanzo solo. Y levanto la tela de la tienda y entro y me siento. Y el silencio se hace sobre la tierra.