Ciudadela
Ciudadela Y les he visto cuando hacĂa frĂo apretarse unos contra otros. Y se parecĂan a todas las ovejas de la tierra.
E hice comparecer a los jueces y les pregunté:
—¿Por qué están separados del pueblo? ¿Por qué llevan sobre el pecho una placa de condenados a muerte?
—Es la justicia -me respondieron.
Y yo meditaba:
«Ciertamente, es la justicia. Porque la justicia según ellos es destruir lo insólito. Y la existencia de los negros le parece injusticia. Y la existencia de las princesas si son obreros. Y la existencia de los pintores si no comprenden la pintura».
Y les respondĂ:
—Deseo que sea justo librarlos. Tratad de comprender. Porque de lo contrario si fuerzan las prisiones y reinan, a su vez precisarán encerraros y destruiros, y no creo que el imperio gane.
Entonces fue cuando me apareciĂł con evidencia la locura sanguinaria de las ideas, y dirigĂ a Dios esta plegaria: