Ciudadela
Ciudadela Y te inquietas, pues has visto al mal tirano aplastar a los hombres. Y al usurero tenerlos bajo su esclavitud. Y algunas veces al constructor de templos no servir a Dios sino servirse a sà mismo y aprovechar para sà el sudor de los hombres. Y no te ha parecido que los hombres se engrandecieran con ello.
Es que mala era la diligencia. Porque no se trata de ascender y formar un brazo utilizando al azar las piedras que lo componen. Formando al azar de los miembros, el ángel de piedra. Al azar, los ángeles y las columnas o las ojivas del templo. Pues eres libre asà de detenerte en la etapa que desees. No es mejor someter los hombres al templo que al simple brazo de la estatua. Porque ni el tirano, ni el usurero, ni el brazo, ni el templo, tienen calidad para absorber al hombre y enriquecerlo en pago de su propio enriquecimiento.
No son los materiales de la tierra los que se organizan al azar y ascienden en el árbol. Para crear el árbol, has arrojado primero la semilla en el lugar donde dormÃa. Ha venido de lo alto y no de abajo.