Ciudadela
Ciudadela No hay ya templo sino piedras amontonadas. Y ya no eres. Y cómo renunciarÃas, sabiendo, aun cuando olvides y construyas otro templo, pues la vida es asÃ, que un dÃa ella retomará ese jarro y esa alfombra de alta lana y esas horas de la mañana, del mediodÃa y de la tarde, y de nuevo dará un sentido a tus lucros y de nuevo dará un sentido a tus fatigas y de nuevo te mantendrá cerca o lejos, o aproximándote, o alejándote, o perdiendo, o reencontrando algo. Porque ahora que no te sirve de piedra angular no te aproximas, ni te alejas, ni pierdes, ni te reencuentras, ni prolongas, ni reculas lo que sea en el mundo.