Ciudadela
Ciudadela Asà de toda aparición nacida del nudo divino que anuda las cosas. Porque no puedes recibir si estás privado de la única que deseas y que te exaspera en tu noche blanca, no recibes más que tu perro si tiene hambre de una imagen de carne; porque no ha nacido el dios del espÃritu para franquear los muros. Pero te lo he dicho de aquél que es señor del dominio y se pasea al alba por la tierra mojada: Nada del dominio le sirve en el instante. No ve más que un camino en hondonada. Y sin embargo, no es igual a otro, sino grande de corazón. Asà con aquél que es centinela del imperio del que solamente toca un camino de ronda que es granito bajo las estrellas. Va de largo en ancho amenazado en su carne. ¿Qué conoces más pobre que él, prisionero de una prisión de cien pasos? ¿Pasado por las armas, castigado con el calabozo si se sienta y de muerte si se duerme? ¿Helado por la helada, empapado por la lluvia, quemado por la arena y no teniendo que esperar de la sombra otra cosa que un fusil apostado y dirigido contra su corazón? ¿Qué conoces más desesperado? ¿Qué mendigo no es más rico en la libertad de sus pasos y el espectáculo del pueblo en el cual se embebe y el derecho que tiene de distraerse a derecha e izquierda?
Y sin embargo, mi centinela es del imperio. Y el imperio lo alimenta. Es más que el mendigo. Y su muerte será pagadera; porque entonces se cambiará en el imperio.