Ciudadela
Ciudadela Pues, ciertamente, no te comunicas de uno a otro. Sino de uno al imperio y del otro al imperio que es para vosotros dos significaciones. Y si me preguntas: «¿Cómo reunirme con aquélla que amo cuando los moros o los mares o la muerte nos separan?», te responderé que inútil es gritar hacia ella por ella, sino que te basta acariciar eso de lo que ningún muro te separa, el rostro de la casa, de la bandeja de té y del hornillo y de la alfombra de alta lana; de los que es piedra angular la esposa que duerme, puesto que puedes amarla, aunque ausente y dormida.
Por esto digo que importa primero, en la construcción del hombre, no instruirlo, lo que es banal si sólo se logra un libro que camina, sino educarlo y conducirlo a las etapas donde ya no existen cosas, sino rostros nacidos del nudo divino que anuda las cosas. Porque nada hay que esperar de las cosas si no resuenan unas en otras, única música para el corazón.
Así de tu trabajo, si es pan de los niños o cambio de ti en algo más vasto. Así, de tu amor si es otra cosa más alta que búsqueda de un cuerpo para asir, porque encerrada en él está la alegría que te da.