Ciudadela
Ciudadela Porque, ciertamente, el animal solamente puede acceder al objeto. Y no al color del objeto segĂșn un lenguaje. Pero eres hombre y te alimentas del sentido de las cosas y no de las cosas.
Y a ti, yo te construyo y te educo. Y te muestro en la piedra lo que no es piedra, sino movimiento del corazĂłn del escultor y majestad del guerrero muerto. Y eres rico porque existe en alguna parte el guerrero de piedra. Y te he educado al construirte un dominio con los carneros, las cabras, las moradas y las montañas. Y si nada del dominio te sirve en el instante, sin embargo te sientes colmado. Te enriquezco al tomar las palabras vulgares y anudarlas en un poema. Te exalto cuando tomo los rĂos y las montañas y anudo mi imperio. Y, los dĂas de victoria, los cancerosos sobre sus camastros, los prisioneros en sus prisiones, los perseguidos por deudas entre sus ujieres, resplandecerĂĄn de orgullo, pues no hay muro, ni hospital, ni prisiĂłn que te impidan recibir; porque he extraĂdo de ese material dispar un dios que rĂe de sus muros y es mĂĄs fuerte que los suplicios.
Y por esto, te lo he dicho ya, derribo los muros, arranco los barrotes y liberto al hombre que construyo. Porque he construido al que comunica y se rĂe de las murallas. Y de los carceleros. Y de los hierros de los verdugos, que no pueden reducirlo.