Ciudadela
Ciudadela El diamante es fruto del sudor de un pueblo; pero cuando un pueblo ha sudado asÃ, ha surgido un diamante que no es consumible ni divisible, y no sirve a cada uno de los trabajadores. ¿Debo renunciar a la captura del diamante que es estrella despertada de la tierra? Del barrio de mis cinceladores, si extirpo los cinceladores que cincelan los jarrones en oro, los que no son tampoco divisibles, puesto que cada uno cuesta una vida y que en tanto que aquél cincela es preciso que yo lo alimente con un trigo candeal cultivado en otra parte (si a su turno los envÃo a trabajar la tierra, no habrá ya jarro de oro, sino una carga mayor de trigo candeal que distribuir) ¿vas a pretenderme que no corresponde a la nobleza del hombre extraer el diamante o cincelar el objeto de oro? ¿De qué deduces que el hombre se enriquezca con esto? ¿Qué me importa el destino del diamante? AceptarÃa el rigor, para satisfacer los celos de la multitud, de quemar una vez al año todos aquéllos que hubiera recolectado; porque asà se beneficiarÃan con un dÃa de fiesta, o aún, inventarÃa una reina que cargarÃa con sus relumbres y asà poseerÃan una reina endiamantada. Y asà el relumbre de la reina o el calor de la fiesta, como retribución, se extenderá sobre ellos, Pero ¿dónde ves que sean más ricos si encierran esos diamantes en sus museos? Allà tampoco en el instante servirán de nada a nadie, salvo a algunos ociosos estúpidos, y ennoblecerán solamente a un guardián grosero y pesado.