Ciudadela
Ciudadela Y ésos, ciertamente, no trabajaban para todos, sino para algunos tan sólo; pues el producto de sus actividades no era divisible.
Y en efecto, si observas al que trabaja todo un año para pintar un vaso, ¿cómo distribuirás ese vaso entre todos? Pues un hombre trabaja para muchos en una ciudad. Están las mujeres, los enfermos, los achacosos, los niños, los viejos y los que hoy reposan. Están también los servidores de mi imperio que no modelan tampoco ningún objeto: los soldados, los gendarmes, los poetas, los danzarines, los gobernadores. Y éstos, al igual que los otros, sin embargo, consumen, se visten, se calzan, comen, beben y duermen en un lecho de una casa. Y ya que éstos no cambian objetos por los objetos que consumen, será necesario robar esos objetos a quienes los fabrican, para alimentar igualmente a quienes no los fabrican. Y ningún hombre instalado en su taller puede pretender consumir la totalidad de lo que produce. Luego existen objetos que no puedes pretender ofrecer a todos, pues no habría nadie para hacerlos.