Ciudadela
Ciudadela Por eso, digo que la pendiente, aun cuando sea informulable a causa del lenguaje, es mĂĄs poderosa que la razĂłn y Ășnico gobierno. Y por eso digo que la razĂłn no es mĂĄs que el sirviente del espĂritu, que primero transforma la pendiente y hace demostraciones y mĂĄximas, lo cual te permite luego creer que tu bazar de ideas te ha gobernado. Cuando lo que yo digo es que has sido gobernado nada mĂĄs que por los dioses que son templo, dominio, imperio, pendiente hacia el mar o necesidad de libertad.
AsĂ, no observarĂ© los actos de mi vecino que reina del otro lado de la montaña. Pues no sĂ© reconocer por el vuelo de la paloma si vuela hacia el palomar o si simplemente llena sus alas de viento; como no sĂ© reconocer por el paso del hombre si va hacia su casa cediendo al deseo de la mujer, o al hastĂo de su deber, y si su paso construye el divorcio o el amor. Mas aquĂ©l que tengo prisionero en su celda, si no echa a perder sus oportunidades y pone el pie sobre la llave que olvido, o tantea los barrotes para saber si alguno estĂĄ flojo, o si mide con su mirada a los carceleros, yo lo adivino ya deambulando por la libertad de los campos.
Quiero conocer a mi vecino, no lo que hace, sino lo que jamås olvida hacer. Pues entonces conozco qué Dios lo domina, aun cuando él mismo lo ignore; y la dirección de su porvenir.