Ciudadela
Ciudadela Hablaré para ti que estás sola. Porque tengo el deseo de volcar en ti esta luz.
He descubierto que es posible alimentarte en tu silencio y en tu soledad. Porque los dioses se rÃen de los muros y de los mares. Y también tú resultas enriquecida de que exista en alguna parte un aroma de cera. Aun cuando no esperas gustarlo jamás.
Pero no tengo otro medio de juzgar la calidad del alimento que te traigo que el de juzgarte a ti misma. ¿Qué ocurre en ti cuando lo has recibido? Quiero que juntes las manos en el silencio, con los ojos oscurecidos, como los del niño al cual he devuelto el tesoro que lo comienza a devorar. Porque tampoco era un objeto lo que le regalé al niño. El que sabe hacer una flota de guerra con tres guijarros y amenazarla con una tempestad, si le doy el soldado de madera, hará un ejército y capitanes y fidelidad al imperio y rigidez de la disciplina y muerte por la sed en el desierto. Porque asà ocurre con el instrumento de música, el cual es muy otra cosa que instrumento, es el cebo para tus capturas. Las cuales no son jamás de la esencia de la trampa. Y también a ti te iluminaré para que tu buhardilla sea clara y tu corazón habitado. Porque no es la misma ciudad la que miras desde tu ventana si te he hablado del fuego bajo la ceniza. Y no es el mismo el camino de ronda de mi centinela, si es promontorio de mi imperio.