Ciudadela
Ciudadela Yo exijo que se me dé lo mejor. Porque sólo entonces seréis grandes.
Luego, no se trata de pediros que despreciéis la vida, sino de hacérosla amar.
Y también de haceros amar la muerte, si ella es precio del imperio.
Porque nada se opone. El amor de Dios os aumenta el amor por el imperio. El amor del imperio, el del dominio. El del dominio, el amor de la esposa. Y el amor de la esposa el amor de la simple bandeja de plata que al lado de ella es té, luego del amor.
Pero como os muestro una muerte desgarrante, quiero al mismo tiempo consolaros. Por eso he inventado esta plegaria para aquéllos que lloran: plegaria contra la muerte[4].