Ciudadela
Ciudadela Y si la experiencia me ha enseñado que los hombres felices se encuentran en mayor proporción en los desiertos, los monasterios y el sacrificio, que en los sedentarios de los oasis fértiles o de las islas que se llaman venturosas, no he extraído la conclusión -que hubiera sido estúpida- de que la calidad del alimento se oponía a la calidad de la dicha, sino, simplemente, que donde los bienes se encuentran en mayor número, se ofrecen al hombre más oportunidades de engañarse sobre la naturaleza de sus alegrías, porque pareciera, en efecto, que vinieran de las cosas, cuando en realidad sólo provienen del sentido que tienen las cosas en tal imperio, o en tal morada, o tal dominio. Entonces, en la prosperidad es donde se puede dar más fácilmente que se cieguen y corran más a menudo tras las riquezas vanas.
Mientras que los del desierto o los del monasterio, al no poseer nada, conocen con evidencia de dónde provienen sus alegrías, y salvan así, más fácilmente, la fuente misma de su fervor.