Ciudadela
Ciudadela Mas yo, que domino la ciudad y soy como el capitán de un navío en el mar, sé que sólo el espíritu gobierna a los hombres, y que los gobierna absolutamente. Porque si el hombre ha entrevisto una estructura, escrito el poema, y acarreado la simiente en el corazón de los hombres, entonces se someten como servidores el interés, la felicidad o la razón, que serán expresiones en el corazón o sombra sobre el muro de las realidades, del cambio de tu simiente en árbol.
Y contra el espíritu no está en tu poder el defenderte. Porque si te instalo sobre tal montaña y no en tal otra, ¿cómo negarás que las ciudades y los ríos están dispuestos de esta manera y no de otra, ya que simplemente así es?
Por eso te haré transformar. Y por eso, heme aquí responsable de su dirección verdadera bajo las estrellas, aun cuando la ciudad duerma y que al leer los actos de los hombres no encuentres más que búsqueda del interés, de la felicidad, o los pasos de la razón.
Porque no conocen la dirección que han tomado, y creen actuar por interés o por gusto de la felicidad, o por la razón, y no saben que razón, gusto de la felicidad o interés, cambian de forma y de sentido según el imperio.