Ciudadela
Ciudadela Porque hay obreros en la cantera y el montón de piedras. Y existe una lógica del amontonamiento de las piedras. Pero llega la hora en que abre sus puertas el templo que transfigura al hombre. Y todos los problemas han cambiado para el hombre.
Y he arrojado sobre ti la semilla de mi civilización, pero necesito más de lo que dura un hombre para que eche sus ramas, sus hojas y sus frutos. Y me rehúso a cambiar de rostro todos los días; porque entonces, no nacería nada.
Tu gran error está en creer en la duración de una vida de hombre. Ya que ante todo ¿en quién o en qué se delega cuando muere? Necesito de un dios que me reciba.
Y de morir en la simplicidad de las cosas que existen. Y mis olivares al año siguiente darán sus frutos para mis hijos. Y allí estaré, calmo en la hora de la muerte.