Ciudadela
Ciudadela Sino que aquà harán bromas por tu nariz torcida. Se disputarán allá un trozo de carne. Y ese grupo en cuclillas se poblará de palabras vivas que te parecerán insultantes para el conductor de ese ejército. Y si dices a alguno que está ebrio de sacrificio, lo escucharás reÃrse en tus narices pues te juzgará bastante enfático y opinará que haces muy poco caso de él pues se estima tan importante que no está en su intención, ni en su conciencia, ni en su dignidad, morir por su cabo, que no tiene calidad para recibir un tal regalo. Y sin embargo, mañana morirá por su cabo.
En ninguna parte encontrarás ese gran rostro que enfrenta a la muerte y se da al amor. Y si has tenido en cuenta el viento de las palabras, volverás lentamente hacia tu tienda con el gusto de la derrota en los labios. Porque aquéllos bromeaban y criticaban la guerra e injuriaban a los jefes. Y en verdad has visto los limpiadores de puente, los cargadores de velas y los forjadores de clavos, pero se te ha escapado -pues estabas miope, y con la nariz encima-, la majestad del navÃo.