Ciudadela
Ciudadela âNo oirĂa a la mayorĂa; porque no ve al navĂo que estĂĄ por encima de ella. Si estuvieran en mayorĂa los forjadores de clavos, someterĂan a los aserraderos de tablas a la verdad de los forjadores de clavos y no nacerĂa el navĂo.
âNo crearĂ© la paz del hormiguero por una elecciĂłn vacĂa, y verdugos, y prisiones, a pesar de que inmediatamente llegarĂĄ la paz porque creado por el hormiguero, el hombre serĂa para el hormiguero. Mas poco me importa perpetuar la especie si no transporta sus enseres. El vaso, ciertamente, es lo mĂĄs urgente; pero el licor es lo que le da precio.
âTampoco conciliarĂ©. Pues conciliar es satisfacerse en la ignominia de una mezcla tibia donde se han conciliado bebidas heladas y calientes. Quiero salvar a los hombres con su sabor. Pues todo lo que buscan es deseable, sus verdades son todas evidentes. A mĂ corresponde crear la imagen que los absorba. Porque la medida comĂșn a la verdad de los aserradores de tablas y a la verdad de los forjadores de clavos, es el navĂo.
âPero llegarĂĄ la hora, Señor, en que tendrĂĄs piedad de mi desgarramiento, del que nada he rehusado. Porque intrigo para alcanzar la serenidad que esplende sobre los litigios absorbidos y no la paz del partidario, que se compone, mitad de amor, mitad de odio.