Ciudadela
Ciudadela ”Cuando me indigno, Señor es porque aún no he comprendido. Cuando aprisiono o ejecuto es que no sé aún abrir. Porque el que se fabrica una verdad frágil, como la de preferir la libertad a la sujeción, o la sujeción a la libertad, al faltarle el dominio de un lenguaje en el que las palabras se tiran de la lengua, aquél se siente bullir de cólera cuando se lo pretende contradecir. Si gritas fuerte, es que tu lenguaje es insuficiente y buscas cubrir las voces de los otros. ¿Pero de qué, Señor, me indignaría, si he subido a tu montaña y he visto realizarse el trabajo a través de las palabras provisorias? Acogeré a quien me llegue. Comprenderé en su error a aquél que se agitará en contra de mí y le hablaré dulcemente a fin de que se rectifique. Y nada de ese dolor será concesión, adulación o solicitud del sufragio, sino que pertenecerá a lo patético de su deseo, que yo leeré a través de él. Haciéndolo mío, pues también a él he absorbido. La cólera no ciega: nace de ser ciego. Te indignas contra aquélla que muestra encono. Mas perdonas si al abrirte sus ropas ves un cáncer. ¿Por qué irritarse contra la desesperación?
”La paz que medito se gana a través del sufrimiento. Acepto la crueldad de las noches en vela pues estoy en marcha hacia ti que eres enunciado, olvido de preguntas y silencio. Soy árbol lento, pero soy árbol. Y gracias a ti drenaré los jugos de la tierra.