Ciudadela
Ciudadela Te deseo permanente y bien fundado. Te deseo fiel. Porque antes que nada, fiel es ser uno mismo. Nada debes esperar de la traición; pues tardarás mucho en anudar los nudos que te regirán, te animarán, suministrarán tu sentido y tu luz. AsÃ, con las piedras del templo. No las desparramo en desorden, cada dÃa, para tantear en procura de templos mejores. Si vendes tu dominio por otro quizá mejor en apariencia, pierdes algo de ti que no recobrarás nunca. ¿Y por qué te fastidias en tu casa nueva? Más cómoda, favoreciendo mejor lo que aspirabas en tu miseria de la otra. Tu pozo te fatigaba los brazos y soñabas con una fuente. He aquà tu fuente. Pero te falta el canto de la polea y el agua extraÃda del vientre de la tierra que reverberaba una vez al sol.
Y no es porque no desee que escales la montaña y te eleves. Y que no te forme y no desee que adelantes cada hora. Mas otra cosa es la fuente con la que embelleces tu casa -y que es victoria de tus manos- a tu instalación en una cáscara de otros. Pues una cosa son los logros sucesivos en una misma dirección, como es la de enriquecer el templo, los cuales logros son crecimiento del árbol que se desarrolla según su genio, y otra tu mudanza de casa sin amor.
DesconfÃo de ti cuando cortas; porque arriesgas en ello tu bien, más precioso, el cual no pertenece a las cosas, sino al sentido de las cosas.