Ciudadela
Ciudadela «Sin embargo, me dices, me voceas contra los objetos pero hay objetos que me aumentan. Y contra el gusto de los honores. Y hay honores que me engrandecen. ¿Y dónde está el secreto puesto que hay honores que me disminuyen?».
—Es que no hay objetos, ni honores, ni prebendas. Valen por la luminosidad de tu civilización. Forman, en primer lugar, parte de otra estructura. Y la enriquecen. Y si sucede que sirves a la misma, te enriqueces al ser más. AsÃ, con el equipo, si es un equipo verdadero. Uno de los del equipo ha logrado un premio y cada uno del equipo se siente enriquecido en su corazón. Y aquél que ha logrado el premio se enorgullece por el equipo, y se presenta ruborizándose con el premio bajo el brazo; pero si no existe un equipo, sino una suma de miembros, el premio significará algo solamente para el que lo recibe. Y despreciará a los otros por no haberlo obtenido. Y cada uno de los otros envidiará y odiará al que ha recibido el premio. Pues cada uno ha sido frustrado. De este modo, los mismos premios son objetos de ennoblecimiento para los primeros, de envilecimiento para los segundos. Pues te favorece sólo aquello que funda los caminos de tus cambios.