Ciudadela
Ciudadela Soy el que habita. Os tomo sobre la tierra fría. Oh pueblo desolado, extraviado en la noche, moho de las hendiduras de la corteza que retiene todavía un poco de agua en la vertiente de las montañas que cae hacia el desierto.
Yo os digo: «He aquí a Orión y la Osa Mayor y la Estrella Polar». Y habéis reconocido vuestras estrellas; os decís uno a otro: «He aquí la Osa Mayor, he aquí a Orión y la Estrella Polar», y al poder decir: «He hecho siete jornadas de marcha en dirección a la Osa Mayor» y al comprenderos mutuamente, he aquí que habitáis en alguna parte.
Así, con el palacio de mi padre. «Corre -se me decía cuando era muy niño- a buscar las frutas en la despensa…». Y se me despertaba, nada más que pronunciando esa palabra, el olor. Y partía hacia la patria de los higos maduros.
Y si te digo «Estrella Polar», viras entero, en ti mismo, como orientado, y oyes el entrechocar de las armas de las tribus del Norte.
Si he escogido la meseta calcárea del Este para la fiesta, y la salida del Sur para los suplicios -y si de ese lote de palmeras he hecho reposo y albergue para las caravanas-, entonces he aquí que te reconoces como en tu casa.