Ciudadela
Ciudadela Se equivocaban. ¿Qué podÃa hacer yo? Cuando la fe se extingue, es Dios quien muere y quien se muestra en adelante inútil. Cuando su fervor se agota, el imperio mismo se descompone porque está hecho de fervor. No es que haya engaño en él. Si doy nombre de dominio a tal procesión de olivos y a la cabaña donde uno se cobija es porque hay quien los contempla y con amor los reúne en su corazón; pero si llega a ser sólo olivares y una cabaña perdida entre ellos, que ya no significa sino abrigo contra la lluvia, ¿quién salvará al dominio de que sea vencido y dispersado? ¡Esta venta no cambiará nada ni en la cabaña ni en los olivares!
Ved al dueño de los dominios cuando marcha a lo largo de los caminos al despuntar el alba, solo y sin llevar nada de su fortuna. Sin usar de sus privilegios. Como desposeÃdo de sus bienes, puesto que no le sirven en el instante, y su paso huella el fango, si ha llovido, como el paso de un ganapán, y con su bastón aparta las zarzas mojadas, como el vagabundo más vagabundo. Y, del fondo de su camino cóncavo, no abarca con la mirada su dominio, sino que sabe que es prÃncipe de él.