Ciudadela
Ciudadela Sin embargo, si lo encuentras y te miras, es él y no otro. Sereno y seguro de sí, se apoya en la caución fundamental, que no le sirve de nada en el instante. Nada consume y nada le falta. Se apoya firmemente en el cimiento de los pastos, de los campos de cebada y de las palmeras que le pertenecen. Los campos están en reposo. Los graneros duermen aún. Los segadores de trigo no hacen volar su luz. Pero él los contiene a todos en su corazón. El que aquí marcha no es alguien sin importancia, es el señor que lentamente se pasea entre sus alfalfares…