Ciudadela
Ciudadela —Me gusta que los forjadores de clavos, que cantan los cánticos de los mercaderes de clavos, tiendan a saquear los instrumentos de los aserradores de tablas para servir a los clavos. Me gusta que los aserradores de tablas tiendan a pervertir a los forjadores de clavos, para servir a las tablas. Me gusta que el arquitecto que domina burle a los aserradores de tablas que protegen a los clavos y a los forjadores de clavos que protegen las tablas. Porque de esa tensión de lÃneas de fuerza, nacerá el navÃo y nada espero de los aserradores de tablas sin pasión que veneran los clavos, ni de los forjadores de clavos sin pasión que veneran las tablas.
—¿Honras, pues, el odio?
—Digiero el odio y lo supero, y sólo honro el amor. Pero ocurre que él sólo se anuda al navÃo sobre tablas y clavos.
Y me retiré, y dirigà a Dios esta plegaria: