Ciudadela
Ciudadela Luego te equivocas cuando condenas a los hombres por sus movimientos de rutina, a la manera del profeta de ojos bizcos que dÃa y noche incubaba un santo furor. Porque demasiado sé que el ceremonial degenera ordinariamente en tedio y rutina. Porque demasiado sé que el ejercicio de la virtud degenera ordinariamente en concesiones a los gendarmes. Porque demasiado sé que las altas reglas de justicia degeneran ordinariamente en biombo de manejos sórdidos. Pero ¿qué importa? Sé también del hombre, que suele dormir. ¿Me quejaré entonces de su inercia? Sé también del árbol que no es flor, sino condición de la flor.