El Principito
El Principito RehÃce nuevamente mi dibujo: fue rechazado igual que los anteriores.

—Éste es demasiado viejo. Quiero un cordero que viva mucho tiempo.
Falto ya de paciencia y deseoso de comenzar a desmontar el motor, garrapateé rápidamente este dibujo, se lo enseñé, y le agregué:
—Ésta es la caja. El cordero que quieres está adentro.

Con gran sorpresa mÃa, el rostro de mi joven juez se iluminó:
—¡Asà es como yo lo querÃa! ¿Crees que sea necesaria mucha hierba para este cordero?
—¿Por qué?
—Porque en mi tierra es todo tan pequeño…
Se inclinó hacia el dibujo y exclamó:
—¡Bueno, no tan pequeño! Está dormido.
Y asà fue como conocà al principito.