El Principito
El Principito Cuando el misterio es demasiado impresionante, es imposible desobedecer. Por absurdo que aquello me pareciera, a mil millas de distancia de todo lugar habitado y en peligro de muerte, saqué de mi bolsillo una hoja de papel y una pluma fuente. Recordé que yo habÃa estudiado especialmente geografÃa, historia, cálculo y gramática y le dije al muchachito (ya un poco malhumorado) que no sabÃa dibujar.
—¡No importa —me respondió—, pÃntame un cordero!
Como nunca habÃa dibujado un cordero, rehÃce para él uno de los dos únicos dibujos que yo era capaz de realizar: el de la serpiente boa cerrada. Y quedé estupefacto cuando oà decir al hombrecito:
—¡No, no! Yo no quiero un elefante en una serpiente. La serpiente es muy peligrosa y el elefante ocupa mucho sitio. En mi tierra es todo muy pequeño. Necesito un cordero. PÃntame un cordero.

Dibujé un cordero. Lo miró atentamente y dijo:
—¡No! Éste está ya muy enfermo. Haz otro.
Volvà a dibujar.

Mi amigo sonrió dulcemente, con indulgencia.
—¿Ves? Esto no es un cordero, es un carnero. Tiene cuernos.