El Principito
El Principito 
Cada dÃa yo aprendÃa algo nuevo sobre el planeta, sobre la partida y sobre el viaje. Esto venÃa suavemente al azar de las reflexiones. De esta manera tuve conocimiento al tercer dÃa del drama de los baobabs.
Fue también gracias al cordero y como preocupado por una profunda duda, cuando el principito me preguntó:
—¿Es verdad que los corderos se comen los arbustos?
—SÃ, es cierto.
—¡Ah, qué contento estoy!
No comprendà por qué era tan importante para él que los corderos se comieran los arbustos. Pero el principito añadió:
—Entonces se comen también los baobabs.
Le hice comprender al principito que los baobabs no son arbustos, sino árboles tan grandes como iglesias y que incluso si llevase consigo todo un rebaño de elefantes, el rebaño no lograrÃa acabar con un solo baobab.
Esta idea del rebaño de elefantes hizo reÃr al principito.
—HabrÃa que poner los elefantes unos sobre otros.
