El Principito
El Principito —¿Y ciudades, rÃos y desiertos?
—Tampoco puedo saberlo.
—¡Pero usted es geógrafo!
—Exactamente —dijo el geógrafo—, pero no soy explorador, ni tengo exploradores que me informen. El geógrafo no puede estar de acá para allá contando las ciudades, los rÃos, las montañas, los océanos y los desiertos; es demasiado importante para deambular por ahÃ. Se queda en su despacho y allà recibe a los exploradores. Les interroga y toma nota de sus informes. Si los informes de alguno de ellos le parecen interesantes, manda hacer una investigación sobre la moralidad del explorador.
—¿Para qué?
—Un explorador que mintiera serÃa una catástrofe para los libros de geografÃa. Y también lo serÃa un explorador que bebiera demasiado.
—¿Por qué? —preguntó el principito.
—Porque los borrachos ven doble y el geógrafo pondrÃa dos montañas donde sólo habrÃa una.
—Conozco a alguien —dijo el principito—, que serÃa un mal explorador.
—Es posible. Cuando se está convencido de que la moralidad del explorador es buena, se hace una investigación sobre su descubrimiento.
—¿Se va a ver?