El Principito
El Principito 
De esta manera el principito domesticó al zorro. Y cuando se fue acercando el dÃa de la partida:
—¡Ah! —dijo el zorro—. Lloraré.
—Tuya es la culpa —le dijo el principito—. Yo no querÃa hacerte daño, pero tú has querido que te domestique…
—Ciertamente —dijo el zorro.
—¡Y vas a llorar! —dijo el principito.
—¡Seguro!
—No ganas nada.
—Gano —dijo el zorro—. He ganado a causa del color del trigo.
Y luego añadió:
—Vete a ver las rosas; comprenderás que la tuya es única en el mundo. Volverás a decirme adiós y yo te regalaré un secreto.
El principito se fue a ver las rosas, a las que dijo:
—No son nada, ni en nada se parecen a mi rosa. Nadie las ha domesticado ni ustedes han domesticado a nadie. Son como el zorro era antes, que en nada se diferenciaba de otros cien mil zorros. Pero yo lo hice mi amigo y ahora es único en el mundo.
Las rosas se sentÃan molestas oyendo al principito, que continuó diciéndoles: