El Principito
El Principito 
AL lado del pozo habĂa una ruina de un viejo muro de piedras. Cuando volvĂ de mi trabajo al dĂa siguiente por la tarde, vi desde lejos al principito sentado en lo alto con las piernas colgando. Lo oĂ que hablaba.
—¿No te acuerdas? ¡No es aquà con exactitud!
Alguien le respondió sin duda, porque él replicó:
—¡SĂ, sĂ; es el dĂa, pero no es Ă©ste el lugar!
ProseguĂ mi marcha hacia el muro, pero no veĂa ni oĂa a nadie. Y sin embargo, el principito replicĂł de nuevo.
—¡Claro! Ya verás dónde comienza mi huella en la arena. No tienes más que esperarme, que allà estaré yo esta noche.
Yo estaba a veinte metros y continuaba sin distinguir nada.
El principito, después de un silencio, dijo aún:
—¿Tienes un buen veneno? ¿Estás seguro de no hacerme sufrir mucho?
Me detuve con el corazĂłn oprimido, siempre sin comprender.
—¡Ahora vete —dijo el principito—, quiero volver a bajarme!
