Piloto de guerra
Piloto de guerra Y no es que yo no piense algo completamente diferente, sobre la guerra, sobre la muerte, sobre el sacrificio, sobre Francia, pero me falta un concepto directivo, un lenguaje claro. Pienso por contradicción. Mi verdad está en pedazos y no puedo considerarlos más que uno tras otro. Si estoy vivo, esperaré la noche para reflexionar. La noche bien amada. Por la noche, la razón duerme y las cosas son, simplemente. Las que verdaderamente importan recobran su forma, sobreviven a las destrucciones de los análisis del dÃa. El hombre reconstruye sus pedazos y vuelve a ser un árbol tranquilo.
El dÃa es para las escenas familiares, pero, por la noche, aquél que se ha querellado encuentra de nuevo el Amor. Pues el amor es más grande que ese vendaval de palabras. Y el hombre, apoyado en su ventana, bajo las estrellas, es responsable de nuevo de los niños que duermen, del pan del mañana, del sueño de la esposa que reposa ahÃ, tan frágil, y delicada, y pasajera. El amor no se discute. ¡Es! ¡Que venga la noche para que se muestre ante mà alguna evidencia que merezca el amor! Para que piense: civilización, destino del hombre, placer de la amistad en mi paÃs. Para que desee servir a alguna verdad imperativa, aunque tal vez inexpresable aún…