Piloto de guerra
Piloto de guerra He interrogado a mi granjero sobre el número de instrumentos. Y mi granjero me ha contestado:
—Yo no sé nada de su negocio. Hay que suponer, en cuestión de instrumentos, que les faltan algunos: los que nos hubieran hecho ganar la guerra… ¿Quiere cenar con nosotros?
—He comido ya.
Pero me instalaron por fuerza entre la sobrina y la granjera.
—Tú, sobrina, córrete un poco, hazle un sitio al Capitán.
Y no es solamente a los camaradas a quienes me descubro ligado. Es, a través de ellos, con todo el paÃs. El amor, una vez que ha germinado, echa unas raÃces que no terminan de crecer.
Mi granjero distribuye el pan, en silencio. Las preocupaciones del dÃa le han ennoblecido con una grave austeridad. Asegura, quizá sea por última vez, como quien ejerce un culto, esta partición.
Y yo pienso en los campos de alrededor que han formado la materia de este pan. El enemigo los invadirá mañana. ¡Que no esperen un tumulto de hombres armados! La tierra es grande. Tal vez la invasión no muestre aquà más que un centinela solitario, perdido en la inmensidad de los campos, una marca gris en la ladera del trigo. Nada habrá cambiado en apariencia, pero una muestra basta, si se trata del hombre, para que todo cambie.
