Piloto de guerra
Piloto de guerra Regresaba éste con su provisión de preocupaciones, de pensamientos y de imágenes. Con su carga bien encerrada dentro de él. Hubiera podido abordarle y hablarle. En un blanco camino de pueblo hubiéramos intercambiado algunos de nuestros recuerdos. Tal como los mercaderes intercambian sus tesoros si se encuentran al volver de las islas.
En mi civilización, el que difiere de mí, lejos de perjudicarme, me enriquece. Nuestra unidad, por encima de nosotros, se funde en el Hombre. De este modo nuestras discusiones de la noche en el Grupo 2/33, en vez de perjudicar nuestra fraternidad, la respaldan, pues nadie desea oír su propio eco ni mirarse en un espejo.
En el Hombre se encuentran lo mismo los franceses de Francia que los noruegos de Noruega. El Hombre los anuda en su unidad, al mismo tiempo que exalta, sin contradecirse, sus hábitos particulares. También el árbol se expresa por medio de ramas que no se parecen a sus raíces. Si, pues, allá abajo se escriben cuentos sobre la nieve, si en Holanda se cultivan tulipanes, si se improvisan flamencos en España, todos quedamos enriquecidos en el Hombre. Quizá por eso hemos deseado nosotros, los del Grupo, combatir por Noruega…
Y he aquí que me parece llegar al final de una larga peregrinación. No descubro nada, pero, como al emerger del sueño, vuelvo a ver simplemente lo que ya no miraba.