Piloto de guerra
Piloto de guerra —Date prisa… ¿En dónde están mis guantes?… No… no son ésos… Búscalos en mi bolsa…
—No los encuentro, mi Capitán.
—Eres un imbécil.
Todos son unos imbéciles. El que no sabe encontrar mis guantes. Hitler, que ha desatado esta guerra demente. Y el otro, del Estado Mayor, con su idea fija de misión a baja altitud.
—Te he pedido un lápiz. Hace diez minutos que te he pedido un lápiz. ¿No tienes un lápiz?
—SÃ, mi Capitán.
Éste sà que es inteligente.
—Cuélgame ese lápiz de un cordel. Y átame el cordel a este ojal de aquÃ… DÃgame, ametrallador, no parece que tenga usted mucha prisa…
—Es que estoy listo, mi Capitán.
—¡Ah, bueno!
¿Y el observador? Bifurco hacia él:
—¿Cómo le va, Dutertre? ¿No falta nada? ¿Ha calculado los rumbos?
—Tengo los rumbos, mi Capitán…
Bueno. Tiene los rumbos. Una misión sacrificada. Yo me pregunto si tiene sentido común sacrificar un equipo para conseguir unos informes que nadie necesita y que, si alguno de nosotros vive todavÃa para traerlos, no serán nunca transmitidos a nadie.
